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Capitulo 1. Shia Wechsler


 Capitulo 1

Yo creo en las hadas, yo creo, SI CREO!!
Pero las hadas no creen en ti muchacha.
Y por mucho que no parara de gritarlo a pleno pulmón dentro de mi cabeza, las hadas seguirían sin creer en mí y yo seguiría de rodillas sobre la tumba de mi familia observando la pequeña cruz de madera que acababa de poner porque no podía pagar una lapida decente.
Tú no puedes pagarla, pero ella sí.
El solo pensamiento de tener que pedirle a su madre aunque solo fuera un mísero centavo le hacía subir la bilis a la garganta por mucho que no pudiera darle un entierro digno a su abuela no iba a rebajarse a buscarla.

Aun plantada mirando la pequeña cruz horas después de que los sepultureros hubieran acabado con la labor de colocar la tierra sobre los ataúdes, Savannah no podía dejar de pensar en que tal vez, pronto terminara su mala suerte.
Pronto las hadas vendrían a rescatarla, y a diferencia del cuento, para siempre no sería mucho tiempo….

***

En ocasiones la tortura no se refiere solo a lo meramente físico.
Destruir cualquier ser desde dentro, quebrando su voluntad y sus sueños, sus ilusiones y por ultimo su alma era por lo único para lo que vivían esos seres, ver las consecuencias de lo que había hecho era su mayor satisfacción.
Amaymón y Karau vivían única y exclusivamente para hacer que cada segundo de la existencia de Hayden fuera inolvidable. Incluso en ese momento en la tranquilidad de sus aposentos, tras horas sin estar frente a su presencia, Hayden aun podía sentir las manos de Karau acariciando cada centímetro de su cuerpo, las manos de Amaymón al sorprenderlos golpeándole y sobre todo, ya no podía dejar de escuchar sus gemidos cuando le habían obligado a observar como fornicaban.
Casi prefería escucharles diciendo una y otra vez lo inútil que era.
Hayden se quedó observando el techo mientras pensaba en cada segundo que había pasado desde la noche en que decidió por una vez quedarse algo para sí mismo. La noche en que toda su existencia cambio condenándole a una esclavitud voluntaria y cruel de la cual no tenía ninguna posibilidad de escapar.
Tampoco es que pudieras hacer muchas cosas fuera de este lugar…
Cierto, si no fuera un demonio esclavizado, ya no le quedaba mucho por ser.
Ensimismado en sus pensamientos y cansado de las sesiones de las últimas semanas con sus amos, se dejó llevar por el sueño que sabía que sin lugar a dudas no le reportaría más que amargos y dolorosos recuerdos de los que no podría escapar.

—Tienes que reconsiderar tu posición —Completamente desnudo en la cama y con el cuerpo de Isis pegado al suyo, Hayden no podía pensar en otra cosa que no fuera enterrarse dentro de ella otra vez.
Era una adicción y Hayden lo sabía, desafiaba completamente todos sus sentidos. No había forma que, durante el tiempo que pasaban separados aunque tan solo fuera un instante, no parase de anhelar su cuerpo, sus caricias y esa boca tan revoltosa.
Jamás dejaba de anhelar inspirar su dulce aroma, de sentirlo impregnado en cada centímetro de su piel. Incluso había llegado a considerar destruir las cámaras de baño de su templo solo para que su olor no se disipase.
Si no hubiera sido por la capacidad de Isis de enseñarle como darle un nuevo uso a esas estancias, seguro que lo habría hecho.
Solo quería conservarla un poco más con él.
—¿En qué piensas amor? —susurro Isis con los labios pegados a su pecho, acariciando lenta y perezosamente su pecho desnudo. Trazando pequeños caminos sinuosos hacia su polla— Estas muy… callado…
Siseo entre dientes cuando la hermosa criatura que ahora estaba a escasos centímetros de su polla anhelante le mordió en la cadera.
—En cómo me gustan esos deliciosos jugos empapando mi polla mientras la meto dentro de ti—dijo mientras la agarraba por la parte superior del torso para tumbarla sobre la cama y colocarse sobre ella— Aunque nada es comparable a enterrarme dentro de tu jardín de las delicias.
Aunque Hayden era mucho más poderoso que ella, le gustaba cuando ella lo mordía, lo empujaba, y él dejaba que tomara el control, en ocasiones era muy gratificante ver como intentaba —consiguiéndolo en muchas ocasiones— volverlo loco.
Pero Hayden no era un sumiso, y los dos tenían muy claro que jamás lo sería.
—No pares —Gruño Isis mientras le clavaba los colmillos en el hombre haciéndole sangrar mientras se adentraba violentamente dentro de ella.
Completamente perdido en las sensaciones de su cuerpo, se dejó llevar por el frenesí desesperado que sentía cada vez que se encontraba con ella retorciéndose de placer en su cama.
Cada vez que se adentraba en su dulce jardín, algo dentro de él despertaba llevándole más allá del límite, lanzándolo una y otra sobre el vacio sin dejarle caer, haciéndole subir de nuevo hasta cuotas insospechados.
—No pares —Gritó insistiendo de nuevo mientras recorría su espalda con las uñas marcando su piel.
—No pienso parar hasta que supliques —Prometió Hayden con la voz entrecortada mientras aumentaba el ritmo de sus envites hasta alcanzar una cuota desesperada difícil de mantener.
Sus cuerpos estaban empapados en sudor, chocando una y otra vez consumiéndose con aquel baile infernal.
«¿Dónde estás pedazo de mierda?»
Hayden redujo el ritmo de sus acometidas cuando la profunda voz de Amaymón penetro en su mente.
¿De dónde ha salido?
Negando con la cabeza retomo el momento justo cuando Isis le mordía en el bíceps apurándolo para que continuara.
Pero el tono de la voz de Amay lo había conmocionado dejando un pequeño runrún dentro de su cabeza que no era capaz de hacer desaparecer.
Amay no solía adentrarse dentro de sus dominios y mucho menos, entrar en su mente sin invitación, y sobre todo, no esperaba que se atreviera a dirigirse a él de ese modo.
Haciendo caso omiso e intentando apartar de nuevo la miserable voz de Amay de su mente,  siguió con lo que había empezado. La promesa de hacer que Isis suplicase era mucho más tentadora que escuchar lo que tuviera que gritarle su medio hermano.
Isis no era una criatura paciente y era muy dada a demostrarlo. Sus colmillos se clavaron en su pecho y sus manos se apretaron contra las nalgas de Hayden mientras intentaba que este continuara con lo que había empezado. Estaba tan cerca… tan cerca que podía casi tocarlo…
Pero Hayden no podía apartar de su mente aquel runrún que volvía hacia él con fuerza, no podía apartar de su cuerpo la sensación de que no obedecer a las órdenes de Amay le conllevaría un castigo.
Se mofó interiormente  de tal pensamiento.
Amay jamás se atrevería a tocarlo.
Los lazos de sangre lo eran todo.
¿Amay castigarle? ¿A él?
¿Cuándo había comenzado el apocalipsis?
Soltando una leve carcajada, volvió a apremiar de nuevo su cuerpo contra el de Isis acercándose de nuevo con las penetraciones en ese jardín dulce y húmedo al paraíso.
«¡Preséntate aquí ahora mismo maldito miserable!»
Aquello estaba comenzando a cabrearle y estropearle el momento con Isis. Y cuando sintió la presencia  de Amay en sus aposentos, Hayden abandonó repentinamente los brazos de Isis para enfrentarse a aquel pedazo de mierda que se atrevía a desafiar al gran y poderoso Hayden, interrumpiendo el explosivo momento que estaba viviendo.
Cuando el pie de Hayden se poso sobre las frías baldosas mientras se daba la vuelta, una fuerte ráfaga de energía salida de la nada lo golpeo, lanzándolo al suelo y postrándolo de rodillas.

El golpe que le acababa de asestar Amay consiguió devolverlo a la realidad de inmediato, sin transiciones.
Saliendo del sopor del sueño, Hayden se encontró con la cara firmemente enterrada en el sueño de mármol de sus aposentos destrozado, otra vez.
El dolor de aquel golpe no era nada nuevo para él, era algo mucho más que familiar.
Amay y Karau disfrutaban jugando con él, golpeándolo y llevándolo hasta límites cada día más lejanos.
Para Hayden era algo tan frecuente que lo golpearan que cuando era más joven, había encontrado el modo de que, en ocasiones, durante una de las más duras sesiones, escapar mentalmente de aquella realidad.
Aunque para su desgracia, Amay y Karau habían encontrado también, el modo de quitarle aquello que necesitaba desesperadamente.
Eran pocas y contadas las ocasiones las que tenía para él solo, poder pasar más de cinco segundos sin tener a Amay y a Karau pegados a su nuca era algo… orgásmico.
«Para ti, no habrá paz jamás»
Así de firmes habían sido las palabras que lo habían sentenciado y Amay y Karau se encargaban muy eficazmente de hacer un cumplimento exhaustivo de ellas.
Jamás libertad, jamás descanso, ninguna clemencia y un sufrimiento que le seguiría mucho después de su muerte.
Un futuro muy esperanzador… sí señor.
Aunque las visitas de Amay y Karau no eran todo y los golpes no eran necesariamente la peor parte de su castigo.
Saber que todo lo que le estaba ocurriendo, todos los golpes que le estaban propinando, los insultos emitidos y los reproches no dados eran más duros de encajar cuando él se había puesto en ese lugar por voluntad propia.
Que todo aquello que estaba padeciendo desde hacia incontables eones no tenia mas propósito realmente que recordarle su estupidez.
—¿Qué quieres ahora? —Gruño Hayden mientras Amay entre golpe y golpe le levantaba la cabeza del suelo para comprobar que aun no estaba sangrando suficiente.
Le golpeaba por el simple hecho de respirar, y esa era la triste crónica del resto de su existencia, vivir golpe tras golpe hasta el fin de los días y mucho más allá.
—Nadie te ha pedido que abras la boca pedazo de mierda —le gruñó Amay en el oído mientras levantaba de nuevo su cabeza del suelo tirándole del pelo.
¿Por qué mierdas me lo deje crecer?
Porque Karau te castraría y te haría comerte tus pelotas si te lo tocases.
El mejor descubrimiento que había hecho en su vida gracias al pobre y desgraciado Sin —Sin rostro y sin nombre después de pasar una larga temporada con esos dos— era que ya que tenía que soportar los golpes y los insultos, era más divertido soportarlos cuando realmente se los daba porque estaba cabreado por algo.
Y era su deporte favorito hacerlo cabrear.
Eran tantas, con tanta frecuencia, con tantas heridas y tanto por donde sangrar que ya no le importaba para nada el motivo por el que fuera a sangrar hoy.
—Bien, amor y señor de todo lo oscuro —dijo mientras se obligaba a tragar fuerte el nudo que tenía en la garganta y obligaba a las palabras a salir de sus labios— ¿A qué se debe el honor de tu visita a mis humildes aposentos?


La dignidad… un concepto completamente abstracto cuando uno se encuentra colgado, bañado en su sangre, con las vísceras colgando y es golpeado una y otra vez por un demonio babosa sin valor quien por un instante se siente superior por golpear a un dios destronado aparentemente indefenso.
Colgado en la misma pared donde lo habían tenido cientos de miles de veces a Hayden el concepto de dignidad sobre el que había estado reflexionando durante gran parte del tiempo que llevaba allí, se le antojaba algo completamente abstracto y fuera de su persona.
A él no le quedaba ya nada de eso, ni siquiera recordaba haberla tenido.
Ya no le quedaba absolutamente nada a lo que aferrarse para seguir luchado para ser un hombre digno.
¿Cuántas veces habré pensado en esto mismo en esta misma situación?
Amay y Karau seguirían sacándole la mierda a golpes por mucho que la tuviera, disfrutaban con ello.
Disfrutaban mucho más de lo que querían reconocer viéndole sangrar, y sobre todas las cosas, lo que más placer les proporcionaba era recordarle a Hayden una y otra vez donde estaba su lugar actual, cuál era su situación en ese momento.
«Nunca serás nada más que nuestro esclavo»
Repetían una y otra vez, golpe tras golpe.
Y poco a poco comenzaba a creer que tal vez, fuera verdad.
Desde que Sin se había librado de ese lugar, ya nada era igual.
Era muy egoísta y de ser un verdadero cabrón hijo de puta pensar que la libertad de su amigo era una moneda que gustosamente él volvería a empeñar por escapar también de ese lugar.
Pero no podía hacerlo.
Layla va a tener un bebe.
Y tú vas a sangrar eternamente.
Si, probablemente en esa ocasión, Amay y Karau querían probar que la inmortalidad no podía mantenerse cuando no había ni una gota de sangre en el cuerpo del individuo por muy divino que ese ser hubiera sido.
El estatus divino no te salva del sufrimiento hijo, solo el alma puede escapar, cuando nuestro cuerpo es preso de la injusticia.
Pero ya no le quedaba ni alma para dejar escapar.
Su determinación estaba fallando y ya no encontraba ningún motivo, nadie por el que tuviera que seguir aguantando, nada ni nadie por quien no morir.
Ciertamente y sin ninguna duda, se había sometido a esta situación voluntariamente.
Aunque como un adolescente inexperto había mantenido dentro de su corazón viva una diminuta llama que se alimentaba con la esperanza de encontrar una escapatoria de aquel lugar.
Una escapatoria que no tenía.
Debería haberse resignado completamente a esa situación, pero Hayden no era capaz de matar aquella llama, no, la muy puta seguía resistiendo aunque débilmente dentro de su podrido corazón.
Echando la cabeza hacia atrás y apoyándolo sobre la amplia y fresca pared de mármol negro donde estaba encadenado, Hayden hizo de nuevo un esfuerzo por entrar aire a sus pulmones.
Necesitaba aire limpio y ventilado, libre de aquel hedor putrefacto que desprendía la babosa mal nacida que lo estaba golpeando.
Increíble pero cierto, consiguió encontrar el aire que necesitaba.
Con la cabeza apoyada en el muro y algo más que hedor de demonio en los pulmones, Hayden consiguió dejar volar su mente entre sus recuerdos, y sobre todo, dejo entrar a los escasos recuerdos buenos que conservaba.
Recuerdos de una corta vida pasada que no había sabido aprovechar, recuerdos sobre sensaciones, sentimientos, y ocasiones en las que había conocido algo más que dolor.
Hayden dejo que la sensación de la victoria en el campo de batalla, un campo y una guerra ya olvidados que había decidido mucho más que el destino de la humanidad, habían decidido el destino de los dioses.
Un destino roto y sesgado gracias a él.
Porque había permitido que una mujer lo doblegara, había permitido que le derrotasen por un lugar donde poder enterrar su polla y disfrutar.





Capitulo 1 - Games of Blood
Ashaia Wechsler 2012 © All rights  reserved

6 Comentários:

Raquel Campos dijo...

Interesante, una historia con mucho dolor y sexo. menudas escenas...te han quedado muy bien.
Felicidades!!!

Bárbara dijo...

Guau!!! super interesante la verdad!!! me ha gustado un montón :D besitos!!

Dolores dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Dolores dijo...

Mi teclado hoy esta poseído. A ver si esta vez escribe bien. Te había dicho que la historia te ha quedado de miedo. Sexo y dolor, diferente pero bien. ¿Dónde han quedado las hadas? El nuevo rumbo de la historia me gusta más. Excelente...

Aurora Salas dijo...

Como te han dicho ya, es increíble, admiro tu forma de describir las escenas de sexo, pues no son mi fuerte, a mí me cuesta horrores. He podido imaginarlo todo. Lo único que me curiosea es... ¿qué hay de las hadas del principio? ¿Quién es Isis, todo era su cabeza hasta que llegan sus medio hermanos? Mummm... muy interesante.

Dana De Grandchester dijo...

Me sonrojo de solo leerla jeje Muy bien, muy bonita. Un saludo!:D

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