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Capitulo 1. Dana De Grandchester



Ada giró lentamente hacia atrás y desconcertada abrió los ojos explosivamente. Un hombre muy apuesto estaba parado frente a ella, mirándola con gran deseo. Sus ojos irradiaban un leve fulgor, su vista era penetrante, a tal punto que dejó a Ada sin aliento, jamás de los jamases había contemplado tan extraña belleza, en realidad nunca había visto a un hombre en su corta vida.

—Buenas noches, señorita —dijo aquel tipo de voz profunda.

—Ho… Hola… —respondió Ada balbuceando — ¿Quién es usted?

— ¿No sabe quién soy? Puedo regalarle el mundo entero si así lo desea, postrar la luna a sus bellos pies, arrebatarle el brillo a las estrellas y el esplendor al viejo sol para que de sus rayos resplandor reciba señorita —dijo en tono poético.

—Guau… Qué patético—dijo Ada entre dientes, frotándose la barbilla—otro loco teatrero…

— ¿Eh?

—Quiero sus nombres y apellidos en este preciso momento, de no ser así llamaré a la rectora ¿Me entendió?—dijo ella con una mano en la cintura esperando respuesta inmediata, ahogando una risa luego de haber escuchado aquel mensaje tan cursi.

—Bien—dijo él resignado por tanta presión—Soy Jean- Luc Lemoine…

—Perfecto. Ahora retírese de mi habitación. Usted no tiene invitación para estar aquí-dijo alzando su dedo índice en dirección a la puerta— ¿Me oyó verdad? ¿O quiere que le tienda una alfombra roja para que se largue?

—Usted hará que de cortés pase a grosero, señorita…

—Señorita “X” para los desconocidos—interrumpió—. Sabe usted que podría ir a prisión ¡Está ultrajando mi privacidad!

—Lo lamento, volveré cuando se encuentre más calmada SEÑORITA X—dijo enfatizando las dos últimas palabras.

— ¿Qué?—dijo ella quedando boquiabierta— ¡De acuerdo! ¡Estaré esperándolo con un par de policías!

Jean-Luc Lemoine se desvaneció envolviéndose en su gran capa de color escarlata. Ada pensó que ese tipo de atuendos era demasiado ridículo para la época en que se encontraban.

Esa noche Ada no pudo conciliar el sueño. Ahora que lo pensaba mejor, aquel hombre le causaba terror. La noche estaba tan cerrada que le era imposible distinguir los objetos de su cuarto. Solo observaba lo alto del techo y el hilo de luz que caía  de forma oblicua. Escuchaba ruidos y veía sombras en movimiento, producto de su mente aturdida, claro.

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Al rayar el alba el tiritar odioso de las campanas en mano de las monjas estorbaron el apacible sueño de las huérfanas todas ellas debían incorporarse ágilmente, darse un duchazo, vestirse correctamente con sus vestidos hasta debajo de las rodillas, cabello pulcramente sujetado con redecillas y dirigirse a pasos de cadete a la kilométrica mesa para el desayuno.

Un pan recién horneado y un vaso con leche hasta la mitad, era lo único que se encontraba en frente de cada una de las desamparadas. Todas se miraron mutuamente con ojos abiertos como platillos. Las primarias aún más asombradas, no se había visto algo similar desde la fundación de “CASA SANTA MARIA-Orfanato femenino”.

La rectora Dominga H. con cierta desazón por la situación bochornosa dijo algunas palabras a modo de explicación con la mirada baja, conducta impropia de ella, ya que la suntuosidad la personificaba.

—Señoritas, lamento lo ocurrido. Esto se debe a que las donaciones han disminuido drásticamente. El Señor Bernard J. ha muerto repentinamente, y en su testamento no figuramos. Por ello es preciso que algunas de ustedes emprendan un trabajo, hasta que otro misericordioso magnate se apiade de nosotras y reconquistemos nuestra estabilidad. La hermana Benolia y la hermana Daría se encargaran de conseguirles oficio a las más grandes. Eso es todo.

La hermana Dominga se retiró con la cara que se le desmoronaba de la vergüenza. Ahora las chicas ya no solo tenían los ojos como platillos, sino también la mandíbula hasta el suelo. Qué sabían ellas de la calle, apenas habían salido al patio a tomar sol, tan familiarizadas estaban en aquella  casa vetusta y sombría, que solo el hecho de marcharse y percibir armoniosas y fragantes rosas, contemplar el azul del vasto cielo, toparse con golondrinitas cantoras posadas en las ramas de los sabios árboles. ¡La lucidez del día! Las tenía más que espantadas.

Ada no sabía si se quedaría o se iría, después de todo no era ni tan nueva ni tan antigua. Parecía no preocuparle, le daba igual y también el desayuno paupérrimo que le habían servido. Estaba más concentrada en aquel hombre misterioso que dijo que reaparecería.

 Luego de la acción de gracias se dispusieron a probar bocado unas con repudio y las que tenían vocación para ser monjas estaban obligadamente satisfechas.

Ya en el salón de clases, las huérfanas estaban reposadas en sus pupitres como unas verdaderas damas de la alta sociedad, con la cabeza altiva y dorso recto, excepto Ada, simplemente le daba pereza estirar tanto el cuello.

La hermana Benolia entró en el aula y pasó su mirada sobre las cabezas de las señoritas para cerciorarse de que estuvieran todas presentes y dijo parcamente:

—Denle la bienvenida a la señorita Li.

Li hizo su ingreso.

— ¡Bienvenida! —dijeron todas a una sola voz.

—Ubícate ahí—dijo la hermana Benolia, señalando la carpeta desocupada al lado de Ada —, en unos minutos retorno, procuren no hacer ruido.

Li dio unas pisadas extremadamente lerdas, haciendo una lucha casi heroica, mientras que las jóvenes la observaban con desdén y murmuraban:

—Dicen que la encontraron en las afueras de la ciudad, estaba inconsciente, tirada en un callejón—dijo una de ellas con voz muy queda.

—Sí, y que tenía manchas de sangre por todo el cuerpo—agregó una que tenía los ojos parecidos a los de un búho.

—Debería estar en un hospital o en la morgue— mofó otra.

— ¡Ja, ja, ja! —comenzaron a reír malintencionadamente.

—Es muy flaca. Su cabello… ¡Madre mía! Miren su cabello, es rubia pero lo tiene maltratado—exageró Manuela, la huérfana más popular—sabe Dios qué bichos alberguen en tan desagradable cabellera, sin embargo posee un rostro muy bello.

Ada sonrió a Li como recibimiento. Li no se dignó a verla, pero no se rindió ante la cruda indiferencia de ésta y dijo veloz:

—Soy Ada.

—Li dio un profundo suspiro con rabia contenida, la examinó de reojo y la ignoró nuevamente mirando en dirección al enladrillado.

— ¿No hablas mucho, verdad?—continuó Ada tratando de ser amable—supongo que serás mi compañera de cuarto ya que me encuentro sola, así que debemos interactuar, debo conocerte. ¿Al menos podrías mirarme, no? Por cierto, debes sujetar tu interminable cabello, no querrás ser castigada, aunque no creo que lo hagan, eres nueva aquí y no conoces bien las reglas, je, je. Mmm… ¿Te encuentras bien? Te veo pálida...

— Buff… que mujer más habladora—pensó Li.

— ¿Sabes? Eres la primera chica que ha sido recogida con la edad que tienes a todas las han traído desde muy pequeñas. Oye, ¿qué te pasó en el cuello?

Ada notó que tenía dos puntos rojos en el pescuezo y quiso tocarlos suavemente, pero Li de un manotazo lo impidió.

— ¡Auch! Eso dolió —Ada sacudió con ímpetu  su mano por el dolor que le provocó el golpe de Li—Yo creo que finges ser débil…

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Ada estaba cepillando su cabello rizado, no usaba el mejor shampoo pero lo conservaba realmente brillante y fuerte. Llevaba puesta una batita rosada semitransparente con una cadenita de oro puro. Cuando de pronto llamaron a la puerta.

—Adelante—dijo ella sin dejar de cepillar su cabello.

—Buenas noches, señorita Ada. Ella será su compañera de cuarto.

Frente a sus ojos estaba la hermana Daría junto a Li. Ada esbozó una sonrisa y alzó las cejas sorprendida. Li la miró de frente por primera vez y veloz bajó la mirada.

—Genial.

—Paso a retirarme—dijo la hermana Daría con voz muy dulce y un rostro  casi angelical—. Por favor señorita  Ada cierre las cortinas.

—Bien, así lo haré.

   Li ingresó en la habitación arrastrando los zapatos, tenía erizados los vellos. Ada la observó atentamente mientras caminaba hasta la vieja y liliputiense mesa con la biblia encima. Ante tan angustioso silencio Ada habló:

— ¿Te cortaron el cabello? ¿Por qué? Seguro tienes piojos, ¿no es así, Li?

Sin embargo Li no expresó palabra alguna. Parpadeó y se encogió de hombros.

—Bah… — Ada se acercó a Li intimidante— ¿Enserio? ¿Nunca piensas hablarme?

Li se ruborizó ligeramente e hizo un gesto de incomodidad.

— ¡Te has puesto nerviosa! Tranquila nena, relájate. ¿No eres muda, no? — dijo Ada arqueando una ceja —. De acuerdo, tengo un sueño atroz y debo dormir. Y tú deberías hacer lo mismo muévete y metete en la cama, acuéstate aquí junto a mí, no hay otra cama. Ven… No soy un ogro y no voy a comerte. ¡Qué muchacha tan tímida!

Li se quedó inmóvil. Y la miró con absoluta indignación.

— ¿Qué te sucede? ¿Por qué tienes esa mirada? —preguntó Ada horrorizada

— No soy mujer…

Ada se sonrojó de golpe. Se sintió ridícula. Por fin escuchaba la magnífica voz varonil de Li.

— ¿Qué tienes? Estás toda roja— dijo Li mirando esta vez fijamente a los perfectos ojos negros de Ada.


9 Comentários:

Aurora Salas dijo...

uauuuu, me encanta el giro inesperado. ¿Qué será Li? uyuyuy... será el mismo hombre misterioso?? mummm interesante, me ha gustado mucho; muchas gracias por la tensión y la intriga, Dana.

Citu dijo...

Me parece muy bien , me gusto

Martín de Moxena dijo...

Me hizo gracia el final del capítulo. Ya me imagino la cara descompuesta de Ada ante la confesión de Li.

Bárbara dijo...

Pero bueno, vaya giro tan inesperado, Li no es mujer... me has dejado intrigadísima y me gusta un montón un besito :D

maja maravend dijo...

Muy bueno! Me gustó mucho :))

Mimi Romanz dijo...

¡Muy intersante!

Raquel Campos dijo...

Interesante cambio de rumbo de la historia!!!!

Ninin Reaper dijo...

WTF con el final ..? muy interesante el primer capitulo ... Espero Sgte capitulo con ansias

María Regla Pérez García dijo...

Muy interesante, genial.... Un giro insperado...!!!

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