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Propuesta capítulo 2. Bárbara.

Al notar su mirada no pudo evitar sentir un estremecimiento. Los recuerdos se agolpaban cada vez más así que intentó no mirarlo para dirigir la mirada al resto de rostros tan conocidos por ella. Algunos la saludaron con una leve sonrisa y otros con un gesto de su cabeza.
            -Sentémonos- dijo el padre de Isabella sentándose tras el escritorio indicando a su hija que se sentara frente a ella- a pesar de que todos sabemos las razones por las que estamos aquí, es mi deber informaros de cuál es vuestra misión, probablemente una de las más difíciles de toda vuestra vida. Proteger a mi hija del peligro.
            -De eso podría haberme encargado yo solo- dijo Sebastián.
            -No lo harás- dijo Isabella sin mirarlo- para eso están ellos.
            -Ni siquiera vas a mirarme ¿verdad?
            -No me apetece. Continúa, padre.
            -Bien, debéis acompañar a mi hija a buscar la Piedra de la Eternidad.
            Sebastián se incorporó rápidamente.
            -Ella no puede ir a buscar esa piedra. No puede sola y lo sabe.
            -Por eso van ellos conmigo- dijo Isabella señalando a los cinco hombres que había en la sala.
            -Te atraparán los Siete.
            -Los Siete no dominan los cinco elementos como los dominan ellos- dijo el padre de Isabella- al igual que ella que domina los cinco juntos. Tu problema, Sebastian, es que no dominas ninguno lo que te hace imposible poder protegerla.
            -Quiero ir con ellos, quiero estar junto a Isabella.
            -¿Es que no oyes que tú no puedes protegerme?- Isabella se levantó mirándolo, enfadada- ¡NO PUEDES! Métetelo en la cabeza.
            Tras decir esto, Isabella salió de allí indignada. Todos la observaron marchar, en especial Sebastian que la siguió con la mirada. Al ver que nadie iba a ir tras ella, él mismo fue corriendo en pos de la joven que estaba en otra habitación observando un enorme retrato fijamente.
            -Isabella…
            -Vete, Sebastian, ya hemos hablado de todo lo que teníamos que hablar, no quiero verte, quiero tenerte lejos.
            -Sabes que eso no es verdad, te mientes a ti misma. Tu cuerpo me lo dice por sí solo, sin necesidad de palabras, nos anhelamos el uno al otro.
            Sebastian se acercó a ella y le agarró la mano pero ella la apartó rápidamente sin mirarlo a la cara. Seguía mirando el retrato de su madre sintiendo la congoja en el corazón. La echaba tanto de menos que le resultaba casi imposible respirar por el dolor.
            -Por favor, no sigas con esto, Sebastian, sabes perfectamente que no quiero esto.
            -Dime una razón y te dejaré en paz.
            Isabella no pudo mirarlo a la cara, en su interior sabía que cualquier cosa que le dijera sería mentira.
            De repente, unos golpes en las ventanas los alertaron. Sebastian se puso delante de la joven que miraba aterrorizada hacia allí. Algo le decía que aquellos golpes se debían a los Siete.
            -No pueden haberme encontrado… no puede ser…- susurró Isabella con la cara totalmente pálida.
            -¿No te fijaste si te seguían de camino hasta la casa?
            -¡No me seguía nadie! No sé cómo lograron encontrarme… ¡iba cubierta!
            -Ellos saben que es la casa de tu padre, hay protección alrededor pero parece que no está resistiendo los embates de los Siete.
            -No deben entrar, no tienen que entrar.
            De repente, los cristales de todas las ventanas se rompieron en mil pedazos haciendo saltar los cristales por toda la estancia. Sebastian protegió a Isabella con su cuerpo, clavándose algunos cristales por el camino.
            -Tienes que salir de aquí, Isabella.
            Ella lo miró y vio que gran parte de su espalda tenía sangre. Quiso salir corriendo pero algo se lo impidió. Era como si un lazo la uniese a él y que no podía romper por mucho que quisiese.
            La puerta se abrió apareciendo los cinco hombres acompañados del padre de Isabella que la miró, preocupado.
            -¡Padre! ¡Sal de aquí!- gritó ella.
            De repente por la ventana entró un grupo de siete hombres cubiertos con capas negras que observaron a Isabella con atención. Sus rostros, todos iguales sonrieron con malicia. Uno de ellos elevó la mano mientras una bola de relámpagos se formaba en su mano que no dudó en lanzar contra la joven.
            Ella intentó cubrirse pero nada llegó hasta ella aunque un grito de dolor le hizo estremecer. Cuando vio quien era sintió el dolor de él como el suyo propio.
            -¡Sebastian!- exclamó ella cuando lo vio caer junto a ella. Él respiraba con cierta dificultad y tenía el torso quemado- ¿qué has hecho, imbécil?
            -Dije que… iba a protegerte…
            Los cinco hombres que debían protegerla se pusieron a su alrededor listos para atacar en caso de que volviesen a hacerlo alguno de los Siete.
            -Llegáis un poco tarde- dijo uno de los Siete- no podéis protegerla. Somos mucho más fuertes que vosotros.
            Isabella miraba a cada uno de los Siete con temor. Su madre había muerto por protegerla de ellos y sabía que tarde o temprano se tendría que enfrentar a su destino. Las lágrimas escaparon sin control y el poder que guardaba en su interior comenzó a despertar con tal intensidad que el cabello le cambió de color al igual que los ojos mientras se incorporaba lentamente.
            -Matasteis a mi madre…- dijo ella con la voz rota por el dolor pero a la vez con la magia fluyendo por sus poros.
            Todos a su alrededor la miraba asombrados.
            -Ella se puso delante de ti…- dijo uno de los Siete- no la matamos porque quisimos. Nosotros solo te queremos a ti para encontrar la Piedra de la Eternidad.
            -¡Jamás tendréis esa piedra!- la exclamación rebotó por toda la habitación- ahora quiero que os marchéis… ¡Marchaos!
            Mientras exclamaba esto, una esfera en la que se movían los cuatro elementos de la tierra envolviendo a una hermosa bola brillante se formó en sus manos que no dudó en lanzar contra aquellas horribles criaturas provocando una explosión muy fuerte que cegó a todos los que allí se encontraban.
            Cuando la luz se apagó, todos comprobaron que los Siete se habían ido dejando una nota en la pared a fuego diciendo que volverían a por ella.
            Isabella volvió a recuperar su color de ojos y cabello pero las fuerzas le fallaron y cayó al suelo inconsciente.
            El padre se acercó y ordenó a los hombres que se llevaran a Sebastian y a su hija a diferentes habitaciones para curar al primero y que se recuperara la segunda.
            Una vez solo, el padre de Isabella miró a la pared con el mensaje y suspiró.
            -Parece que la guerra está a punto de empezar…

7 Comentários:

Citu dijo...

Uy que emocionante, me encanta como escribes

Dana De Grandchester dijo...

Muy buenaa!! Me gustó.

Bárbara dijo...

Me alegra mucho saber que os ha gustado :D un besito a ambas!!

Raquel Campos dijo...

Que buen capítulo, has metido muchas acción y algo de magia en la historia.
Guauuuu!!!!
un beso!!!!

Bárbara dijo...

Me pareció que quedaría bien un poco de acción y magia jeje me alegra saber que te ha gustado, ya estoy deseando leer las propuestas de las demás jeje besitos!! :D

Aurora Salas dijo...

Acción y mágia... esos ingredientes me encantan, me gusta Bárbara. Besos guapisima.

Bárbara dijo...

Pensé que quedaría bien jejeje me alegro mucho saber que te gusta besitos preciosa!!

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